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En este episodio, el Dr. Will Tuttle (vegano), autor de “La dieta de la paz mundial”, analiza cómo una mayor compasión hacia las personas-animales puede cambiar la sociedad.(Dr. Tuttle, ¿le gustaría opinar sobre el aspecto de la evolución de esta crisis espiritual?)Dr. Will Tuttle: Sí. Lo que he descubierto en mi investigación de mucho tiempo es que todos hemos nacido en una cultura que tiene un núcleo oculto subyacente que para nosotros es tabú discutir. Y para nosotros es tabú discutirlo como cultura porque, en un nivel profundo, sentimos mucho remordimiento y dolor por la enorme cantidad de brutalidad rutinaria que ejercemos en esta cultura hacia los animales para alimentarnos rutinariamente cada día, y también para el entretenimiento y para la investigación. Y por eso, es tabú hablar de esto. Y creo que esa es una de las principales razones por las que esta conferencia es tan valiosa: porque estamos hablando de lo que es tabú. Y al hablar de un tema tabú siempre hay esta sensación de que hay una especie de cualidad de “Oh no, no hables de eso”. Pero también hay un aspecto de “Oh wow, es poderoso hablar de ello”.Y creo yo es la sombra muy oculta del núcleo de nuestra cultura. Y fundamentalmente, lo que es este núcleo, es la mentalidad de reduccionismo. Que se nos enseña básicamente desde el momento en que salimos del vientre de nuestra madre y venimos a este mundo, y comenzamos a comer los alimentos que se nos obliga a comer en esta cultura. Después de perder el pecho de nuestra madre, se nos da la carne y las secreciones de los animales que han sido brutalizados. Y así se nos enseña desde una edad temprana a reducir seres a cosas, a meras mercancías. Así que es una mentalidad de mercantilización de la vida, es una mentalidad de reduccionismo. Es también una mentalidad de exclusión, porque aprendemos desde temprano a excluir a ciertos seres de la esfera de nuestra compasión. Y cuando hacemos eso, automáticamente somos capaces de cometer violencia hacia ellos porque decimos algo como: “Bueno, ellos fueron puestos aquí solo para que los usemos”, o “Ellos no tienen alma”.Y básicamente, cada institución en nuestra cultura coopera en inyectar ritualmente esta mentalidad en cada uno de nosotros desde el momento en que nacimos. La institución de nuestra familia, la institución de la religión, la institución de la educación, la institución de los medios, el gobierno, la ley, cada institución en cualquier cultura trabaja junta básicamente para que esa cultura se reproduzca a sí misma, sea cual sea esa cultura. Ya sea destructiva y violenta, o ya sea muy sabia y benevolente, las instituciones en esa cultura funcionan naturalmente de esa manera.Y así, lo que me doy cuenta es que todos hemos sido básicamente obligados a participar en rituales diarios de violencia que se basan en reduccionismo, mercantilización, explotación, exclusión. Y fundamentalmente, creo que incluso más profundo que eso, de desconexión, aprendemos desde temprano a desconectar de la realidad que está en nuestro plato cada desayuno, almuerzo y cena la realidad que realmente se necesitó para ponerlo en nuestro plato. Así que aprendemos desde temprano mediante la práctica del arte de la desconexión, y nos convertimos en maestros del arte de desconectar para cuando tenemos 10 ó 12 ó 15 años. Y así podemos estar devastando la selva tropical, cortándola toda, destruyéndola, y simplemente nos desconectamos y decimos: “Oh, en realidad no está ocurriendo”.Y los océanos están siendo destruidos, y nos desconectamos de eso. Y nuestros niños se están suicidando por desesperación, y nosotros desconectamos de ello. Y creo que el núcleo fundamental de este tabú cultural del que estamos hablando aquí hoy es una mentalidad de que en su alma y núcleo nuestra cultura anhela trascender, evolucionar fuera de ella. Creo que, en un nivel más profundo, sabemos que nuestro propósito en este planeta es crecer y despertar y ser bendiciones vivientes en el mundo, que estamos aquí literalmente para bendecir el mundo y descubrir nuestra forma única propia de ser esa bendición.Y así, creo que este es realmente el desafío al que nos enfrentamos como cultura. Y por eso lo más grande que cualquiera puede hacer es hacerse vegano, porque ser vegano simplemente es asumir responsabilidad de las ondas que irradian desde mi vida hacia el mundo y es una mentalidad de inclusión radical. Es decir: “Voy a incluir a todos los seres vivos dentro del círculo de mi compasión”. Y así, es una actitud fundamental y extremadamente sanadora y que dice sí a la vida. Pero es más que una actitud, es realmente vivirla. No se puede ser vegano solo en teoría; es práctico. Y esa es la razón por la que lo amo tanto: es algo que realmente vivimos y hacemos.Y creo que por fuera, la mayoría de la gente piensa en el veganismo como si estuvieras diciendo “No” todo el tiempo. Dices: “No, lo siento, no como esto. No como helado. No como huevos. No como queso. Y no, no, no”. Y la gente dice: “Ay, hombre, eres realmente negativo. Solo dices no a esto, y no a aquello. No vas al zoológico, no…”. Pero en realidad, creo que es muy importante recordar que esa actitud que parece negativa de decir “no” en realidad se sostiene sobre un enorme “Sí”: un “Sí” a la bondad y la compasión y la sostenibilidad y la libertad y la paz y la bendición y la justicia para todos los seres vivos. Y es desde esa preocupación que básicamente seguimos una vida donde mostramos bondad y compasión hacia otros seres vivos al negarnos a pagar a nuestros hermanos y hermanas para que hagan el trabajo desalmado, brutalizador y degradante de matarlos.Y Martin Luther King dijo: “La violencia en cualquier lugar daña a todos en todas partes. Todos estamos conectados”. Y creo que es importante recordar que, si saco mi billetera y empiezo a pagarle a alguien para que confine a una vaca o a una gallina o para que brutalice a estos animales de alguna manera para alimento, entonces soy yo quien es realmente responsable de eso. Les pago para que hagan un trabajo que nunca querría hacer yo mismo. Y así, subyacente a esto, creo que realmente hay un mensaje increíblemente positivo de que podemos transformar nuestra cultura.En “La Dieta para la Paz Mundial”, una de las cosas que menciono al principio en el libro es que la última revolución que esta cultura experimentó fue entre ocho y diez mil años atrás. Y la llamé la “revolución del pastoreo” donde básicamente en el país que ahora es Irak, empezamos a poseer animales.La primera vez que la gente empezó a poseer animales y a verlos meramente como propiedad, esa fue la reducción fundamental, y con eso vino todo lo demás. Empezamos a poseer seres humanos, surgió la esclavitud. Empezamos a tener esta clase rica, una élite que surgió, y ellos poseían el capital. “Capital” significa “cabeza”, como en cabeza de ganado. Así que el primer capitalismo fue hace diez mil años, con esta élite rica que surgió, que poseía el capital. Querían más tierra. Querían más capital. La forma más rápida de enriquecerse rápidamente en ese entonces era robar, era ir a la guerra y luchar contra otros capitalistas para robar su ganado o ganar su ganado derrotándolos en batalla. La primera palabra para “guerra” en este planeta que conocemos es la antigua palabra sánscrita “gavya” que significa simplemente el deseo de más ganado. Esa fue la primera palabra para “guerra”.Y la gente que perdía, su ganado básicamente se convertía en propiedad de los que ganaban, y los hombres se convertían en esclavos, las mujeres en concubinas. Y fue realmente una época brutal, y sacó lo peor de las personas. Los hombres tenían que volverse duros y fuertes y brutales y desconectados de sus sentimientos. Las mujeres fueron reducidas a mera propiedad que se compraba y vendía como bienes muebles. Si miras las primeras escrituras que tenemos, el antiguo Poema de Gilgamesh, las antiguas escrituras sumerias, la Ilíada, la Odisea, las escrituras del Antiguo Testamento, las primeras, ves que para cuando el período histórico surgió hace tres mil años, todo esto ya estaba establecido. Hay esclavitud, y las mujeres son propiedad. Y la naturaleza, la vida silvestre también ha sido reducida a la categoría de meras plagas. Quizá interfieran con nuestro ganado, así que queremos deshacernos de ellas.Y quien poseía la mayor cantidad de capital, la mayor cantidad de ovejas, cabras y vacas, era quien controlaba la sociedad. Controlaban todas las instituciones. Controlaban la religión y la educación. ¿Y es diferente hoy? Quiero decir, ¿por qué es que todavía hoy hacer la guerra es lo más rentable para la élite rica? Porque seguimos comiendo el mismo alimento. Al final del día, volvemos a casa y comemos la carne de animales que han sido brutalizados, y comemos las secreciones de los mismos animales que han sido brutalizados. Y así mantenemos las mismas instituciones en su lugar. Y esa es la razón por la que hemos tenido tanta dificultad en hacer un progreso significativo en este mundo y en todos estos esfuerzos por la justicia y la sostenibilidad, porque seguimos comiendo el mismo alimento.Fundamentalmente seguimos reforzando dentro de nosotros mismos la idea de que “el poder hace el derecho”. La idea de que podemos excluir a otros seres vivos de la esfera de nuestra compasión y la idea de que la guerra es una buena forma de ganar dinero. Y esto subyace a esta cultura. Esta es la furia viva en el núcleo de nuestra cultura que nadie puede mirar. Es tabú hablar de esto. Una vez que empezamos a verlo, entonces obtenemos la comprensión del panorama completo de nuestra cultura, entonces nos damos cuenta de por qué el veganismo es lo más poderoso que cualquiera puede hacer para bendecir nuestro mundo, y por qué no hay nada más benevolente y más sagrado y noble, creo yo, que cualquiera pueda hacer, que asumir la tarea de difundir este mensaje del veganismo. Porque en el núcleo mismo del veganismo, lo otro que está es la dominación de lo femenino. Los animales que son más brutalizados en todo este sistema son los animales hembra. En las granjas lecheras, en las granjas industriales de cerdos, gallinas, vacas, peces, todo esto, básicamente son los animales hembra y los ciclos reproductivos femeninos son dominados sin piedad.Y así, nunca seríamos capaces de hacerles esto a estas hembras si no nos hubiéramos desconectado de nuestra propia sabiduría innata y sensibilidad que naturalmente sabe que las partes más sagradas de nuestras vidas, las cosas más sagradas en la naturaleza son las madres dando a luz a bebés, cuidando a esos bebés, amamantando a esos bebés, anidando. Esto es algo en que deberíamos tener un sentido de honor y respeto.Y sin embargo, en las granjas lecheras y en todos estos lugares, son básicamente instalaciones de violación y asesinato donde las hembras están confinadas, sus bebés son robados, ellas son violadas otra vez, les quitamos sus productos. Y así, no solo les hace daño a ellas, sino que nos hace daño a nosotros.Las antiguas enseñanzas espirituales de todas las tradiciones enfatizan que cuando dañas a alguien más, te dañas a ti mismo más de lo que les dañas a ellos. Que todo lo que más querríamos para nosotros mismos, debemos darlo a los demás. Así que, si quiero libertad y paz y alegría y amor para mí mismo, estoy llamado a dar eso a los demás. Si doy a los demás miseria, esclavitud y dominación, entonces terminamos siendo dominados. Por eso encontramos cada vez más en nuestra cultura que nos estamos esclavizando. Es porque estamos esclavizando a otros. Si queremos ser libres, tenemos que liberar a otros. Y esta es la enseñanza de liberación que creo que todos conocemos en el núcleo de nuestro ser.Recuerdo que crecí en Concord, Massachusetts, y simplemente comía la comida, grandes cantidades de carne, lácteos y huevos. Recuerdo que cuando tenía alrededor de ocho años, le dije a mi madre: “Entonces, ¿esto es lo que todo el mundo come?”. Y ella dijo: “Sí, esto es lo que todo el mundo come”, y luego dijo: “Bueno, hay vegetarianos…”. Y lo dijo como: “Pero no te preocupes, ¡nunca conocerás a uno! Viven en otro planeta. Están muy lejos, ¡no te preocupes!”. Recuerdo que crecí, y cuando tenía alrededor de 12 ó 13 años, fui a esta granja lechera. Estaba de camino a un campamento de verano en Vermont, y estaba afiliada con la granja lechera que era orgánica. Y esto fue a mediados de los 60, supongo.Fue tan interesante, porque este es el tipo de lugar que uno piensa que nada más que bueno puede provenir de él, una granja lechera orgánica en Vermont. Y recuerdo que bajamos y nos enseñaron a todos a atrapar nuestra propia gallina y a ponerla en esta tabla en el suelo, y luego poner su cabeza entre dos clavos. Y en la otra mano tenías tu hacha, y simplemente le cortabas la cabeza. Y ella corría alrededor brotando sangre, y cuando expiraba, tomábamos su cuerpo y lo poníamos en agua caliente. Y comíamos la gallina.Y recuerdo que de niño de quizás 12 ó 13 años, no tenía ningún problema con eso. Había sido bien adoctrinado. Había pasado 12 ó 13 años de intensa adoctrinación, tres veces al día. Y sabía, de hecho, que una gallina es solo una gallina; no tiene alma y fue puesta aquí por Dios para que la usemos. Y si no comía esta gallina o esta carne, moriría en 24 horas por deficiencia de proteínas. ¡Estaría muerto! Así que simplemente tienes que hacerlo; está establecido así. Y recuerdo que un poco después, hicimos lo mismo con una vaca. Una vaca no estaba produciendo suficiente leche, y nos llevaron a esta lechería orgánica. Y le disparamos a la vaca en la cabeza tres veces con el rifle. Y ella cayó al suelo, y él le cortó la cabeza. Y la sangre estaba por todas partes, y se limpió la frente muy calmadamente y dijo: “Tienes que hacerlo, tienes que cortar esas arterias mientras el corazón todavía late; de lo contrario, la carne sería asquerosa, y nosotros los humanos nunca querríamos comerla, porque no nos gusta el tejido blando”.Y así, subyacente y detrás del telón de nuestra cultura, hay una enorme cantidad de matanza: 75 millones de animales al día solo en los Estados Unidos están siendo sacrificados para alimento. Estos números son alucinantes, y ese es el trasfondo de esta cultura. Y a menos que comencemos a mirar detrás del telón de nuestra negación y lleguemos a un acuerdo con esta violencia, no solo hacia los seres humanos que tienen que realizar este tipo de brutalidad a gran escala y lo que les hace a ellos. Si lees libros sobre lo que los trabajadores de mataderos y de granjas industriales pasan: la violencia, el abuso conyugal, la adicción a las drogas, la adicción al alcohol, la miseria en sus vidas. Unos mil millones de personas están crónicamente desnutridas y hambrientas, y otros mil millones de personas están crónicamente obesas y con sobrepeso porque están comiendo, atiborrándose de animales alimentados con granos.Y la enorme devastación al medio ambiente y la desconexión subyacente a eso que nos ha sido inyectada por nuestra cultura y por nuestra religión, por cada institución, porque no queremos mirar esto porque va en contra de nuestra naturaleza fundamental. Así que, la idea subyacente es despertar a nuestra compasión natural, y creo que este es el gran llamado que todos tenemos. Esta es la transformación benevolente subyacente, la revolución benevolente, la evolución benevolente que nuestra cultura anhela y anhela, y podemos ver justo ahora literalmente que está en nuestro plato.Y solo quiero invitar a todos nosotros en esta sala y a todos los que están escuchando esto o viendo esto en cualquier momento, a ir a nuestras comunidades y difundir este mensaje. He estado en un retiro sobre mi libro “La Dieta para la Paz Mundial”. Cuarenta personas salieron, y ahora están enseñando las ideas de “La Dieta para la Paz Mundial” en sus comunidades. Podemos hacer eso con todos los modos y formas de educación vegana. Es un movimiento de base. No va a llegar, probablemente por un tiempo, a los medios masivos, pero puede — lo hará cuando seamos suficientemente fuertes. Así que sigan difundiendo este maravilloso mensaje y muchas gracias. Que Dios los bendiga, eso es maravilloso. Gracias. (Gracias. Gracias, gracias.)Photo Caption: “Todas las estaciones nos recuerdan la naturaleza efímera de la existencia ilusoria, pero también nos recuerdan la VERDADERA VIDA que hay tras ella.”











